Dicen que es mentira que en los institutos de enseñanza de Cataluña a los niños se les obligue a hablar en catalán. Se les obliga a saber hablar el catalán, que es distinto. Y es normal, porque en un lugar que se clasifica de bilingüe se ha de obligar a aprender las dos lenguas. Así que si ves normal que se obligue a los niños a aprender castellano, deberías de ver normal que se les obligue a aprender catalán. Otra cosa bien distinta es que luego se les obligue a usar una lengua u otra en su vida diaria, cosa que no pasa. ¿O estoy equivocada?
El caso de un profesor mataronés ilustra la peculiar política lingüística aplicada por la Genrealitat de Cataluña. Se lo encargó la instrucción de un expendiente a un alumno y lo entregó en castellano. La Junta directiva se lo devolvió, pidiéndole que lo presentara en catalán, como es perfectamente competente en esa lengua. Y de ahí sucedió una disputa de cartas que incluye hasta el Síndic de Greuges. Jesús, el profesor mataronés, se mantuvo en sus trece y justificó el uso del castellano referiéndose al Estatuto de la Comunidad Autónoma, la Constitución de España e – irónicamente – a la Ley del Catalán. No obstante, los hechos que el castellano es lengua oficial de Cataluña, lengua materna de Jesús y lengua de la mitad de catalanes parecen no valer ni para el Síndic de Greuges. Según él hay una relación de sujeción especial con la administración que puede comportar que ciertos derechos puedan ser limitados, es decir, en el caso de Jesús, el derecho a escoger la lengua en que se expresa.
A título personal me siento solidaria con Jesús. ¿Cómo puede ser que una ley limita derechos que son reconocidos por la Constitución y el Estatuto? Está claro que la política lingüística de Cataluña siempre ha sido un tema muy escabroso. La historia de Jesús aclara lo que pasa cuando la administración se pone demasiado meticulosa: el resultado es un conflicto que no se puede solucionar sin que uno de los contendientes se sienta discriminado. El castellano y el catalán son las lenguas oficiales de Cataluña. Y el castellano tanto como el catalán son igual de importantes, uno por historia y otro por uso. Tengo bien claro que la obligación de la Generalitat es proteger el catalán, pero no discriminar el castellano al mismo tiempo. Que quede claro: cosas jurídicas aparte, los idiomas – todos! – te dan libertad, te dan oportunidades. Negar alguno no es inteligente.
